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La trama de los números: la lectura matemática intrigante del Universo.

¿Hay algo más fascinante que un rompecabezas geométrico-filosófico?
¿En qué medida están asociadas estas dos disciplinas?
La respuesta más simple que se nos ocurre es que en la antigua Grecia, cuna de la civilización occidental, los primeros filósofos eran también y sobre todo matemáticos. Por ejemplo, Pitágoras, padre del teorema homónimo, fue también un importante filósofo.
Fue el primero que afirmó que la trama subyacente de la realidad, tal y como la conocemos, es el número y, no solo eso: sostenía que el Número era el Arché, es decir, el origen de todo el Universo.

¿Una locura? ¿Una provocación irónica de un matemático? No exactamente.
La historia, pero también las matemáticas, la arquitectura, el arte y la ciencia nos han enseñado que estamos acostumbrados a percibir como «bello» todo lo que es proporcionado, armónico; si indagamos y cuantificamos estas proporciones, nos damos cuenta de que todo lo que definimos como armónico hace referencia a la geometría y a las matemáticas, en concreto al número “phi” (1,618>1).

El número phi, también conocido como el número áureo, es una constante que encontramos con frecuencia en muchos sectores, no solo en la geometría y en la arquitectura, que son construcciones teóricas estudiadas por el hombre, sino también en la naturaleza.

Leonardo de Pisa, llamado también Fibonacci, fue un matemático italiano del siglo XIII, que introdujo en Europa la notación posicional, un método de escritura de los números, que hoy en día seguimos utilizando. Este sistema sustituía a los números romanos y cambió la vida de los comerciantes.

Fibonacci también es conocido en la posteridad por haber identificado una serie numérica, que lleva su nombre, en la que cada término es la suma de los dos anteriores. Pues bien, esta serie numérica se encuentra en diferentes formas geométricas y naturales.

Una de las formas geométricas más famosas relacionadas con Fibonacci es la espiral logarítmica: si imaginamos que ponemos una serie de cuadrados uno al lado del otro, cuyo lado es definido por la suma de los lados de los dos anteriores, y luego trazamos un arco en cada uno de ellos teniendo por radio el mismo lado, obtenemos una forma de espiral (la espiral logarítmica) que recuerda el diseño de un caracol.

También las formas naturales que se pueden atribuir al número áureo son muy numerosas: en los fractales del brócoli; en el número de pétalos de las rosas, de los ranúnculos y de las margaritas; en la disposición de las espirales de las piñas o de las semillas de girasol; incluso en la proporción de las falanges de los dedos de la mano. ¿Y qué es lo más sorprendente? La relación entre cada número de la serie y el anterior corresponde a phi, el número áureo. Podemos sacar una conclusión de estas observaciones: las formas geométricas que conocemos, incluso las que vemos en la naturaleza, no son para nada casuales, exactamente como las que construimos. Aquí es donde entra en escena nuestro amigo Pitágoras, que ya desde el siglo VI a.C. nos invitaba a leer la realidad con ojo matemático: el Número es el Arché.

Y qué sorpresa para nosotros de MCT Italy encontrar un «viejo conocido» entre los elementos geométricos atribuibles a la serie de Fibonacci: la concha del Nautilus, un molusco cefalópodo, precisamente la misma concha que hemos elegido para nuestra imagen, presenta en su interior espirales de crecimiento que, entre ellas, tienen una relación igual a phi.

En realidad, no es exactamente una sorpresa: la elección del nautilus como nuestro símbolo tuvo lugar en el año 2017, el año de la celebración del 50.° aniversario de la empresa.

Nos fascinaba la idea de reexaminar, en la evolución constante en el tiempo, concreto, según lógicas físicas que facilitan la vida del molusco, nuestro crecimiento, nuestro cambio, constante y siempre con la mirada puesta en el cambio de los mercados y de las tecnologías.

Un cambio que, descubrimos, es armonioso, un todo único con el Número y la Naturaleza.

Entonces, estábamos diciendo, ¿no es verdaderamente fascinante esta interpretación del Universo?

Por último, una curiosidad, ya en el año 1959, Walt Disney exploraba y explicaba el mundo de las matemáticas a los niños (y no solo) con su personaje más simpático, aunque aparentemente menos inteligente: Donald en el país de las matemáticas.

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junio 6, 2022
Blueheart

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